Hace pocas semanas reabrió uno de mis tres restaurantes favoritos de El Prat de Llobregat (junto con Ona Nuit y Axarquia) después de un año de inactividad, el restaurante km0 La Lluna en un Cove.
Antes de arrancarme con una modesta opinión del restaurante acompañada de una antología de fotos de sus platos, quisiera aprovechar para reivindicar el momento de la restauración que se lleva gestando los últimos años en la periferia de Barcelona. A bastantes conocidos residenese en Barcelona les cuesta de apreciar o aventurarse a descubrirlos pero sitios como los comentados ya Ona Nuit, Axarquia o La Lluna en un Cove; o los magníficos Marimorena de Sant Boi, Sucapa o Mitjagalta de Hospitalet, el Plats de Cornellà, l’Àpat de Molins de Rei… y muchos otros más, son auténticas joyas gastronómicas que poco tienen que envidiar a muchos de los restaurantes de tiquet medio (30-50) que hay en Barcelona. Muchos de ellos, además, llevan años apostando por el producto del Parc Agrari del Delta del Llobregat, productos km0 y productos ecológicos para sus elaboraciones. Producto bueno, de calidad, como protagonista es algo que hoy en día se da casi por sentado encontrar en la carta de un restaurante en Barcelona pero que se viene haciendo desde hace años ya, también, en la periferia.
Después del vertido-verbal de antes, me sitúo de nuevo. La reapertura de La Lluna en un Cove es algo que llevo esperando hace meses como vecino de El Prat, el tridente de restaurantes favoritos vuelve a estar disponible. ¿Y por qué es uno de mis restaurantes favoritos de mi ciudad? Aunque tiene sus puntos negativos, como todo restaurante, el motivo de mis visitas es su oferta gastronómica (mi brújula principal para esta toma de decisiones) aunque también es destacable su ambiente y decoración cuando empiezas ya a padecer una sobredosis de ambientación nórdico-hipster con bombillas XXL en leve-incandescencia.
Otras cosas a comentar. Staff nuevo. Personalmente, creo que la sala ha mejorado notablemente. Servicio atento, amable, sin excesos. También, agradezco que Rosa salga a sala ya que es el momento de explicar el proyecto, las novedades y vender bien el producto. Respecto al local, aunque es algo imposible de arreglar, imagino, sigue habiendo el mismo problema ambiental de siempre: el ruido. Cuando hay una mesa de grupo grande la acústica del local te obliga a subir bastante el tono porque no escuchas a quien tienes delante. Una lástima pero imagino que difícil de corregir.

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Hola, soy Rosa Farrés, chef de la LLuna en un Cove
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